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MYRTO AZINA CHRONIDES

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Escritora chipriota nacida en Nicosia. A una edad muy temprana comenzó ya a escribir ensayos y poemas siendo tal la acogida que publicó su primer libro, El calendario (Hemerologion, 1976) a la edad de quince años. Estudió Medicina en Bonn y desde el año 2007 trabaja en el Departamento de Servicios Médicos de su propio país. Su estilo moderno y poco convencional ha conmovido a lectores de todo el mundo. Varios de sus cuentos han sido publicados en revistas literarias y en dos antologías nacionales. A nivel internacional El experimento (To peirama, 2009), galardonada con el premio europeo de Literatura, a modo de estudio sobre la relación entre el amor erótico (Eros) y el alma, es hasta el momento su trabajo más reseñado.

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Chipre

ganando autor: Myrto Azina Chronides

Sobre el autor:

Myrto Azina Chronides (b.1961) nació en Nicosia, Chipre. Desde sus primeros años, ha escrito numerosos ensayos y poemas. Ha ganado varios premios literarios en el Gimnasio Panchipriota para la poesía y la prosa, y publicó su primer libro, Hemerologion, a la edad de quince años.Después de su graduación, se especializó en Medicina General en el Hospital Académico de la Universidad de Bonn enEuskirchen. Desde 2007, ha estado trabajando en Chipre en el Departamento de Servicios Médicos y de Salud Pública. Ella ha recibido una reacción crítica positiva por su estilo moderno y poco convencional de escritura, mientras que sus cuentos han aparecido en numerosas revistas literarias y en dos antologías nacionales.

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Libro otorgado:

Para Peirama (El Experimento)
Sinopsis: 

En resumen, el libro de Myrto Azina podría ser descrito como un estudio sobre el amor erótico y el alma. Relación sexual de una pareja constituye el tema central que corre a través de la mayor parte de las historias. Desde el principio, Él y Ella, los protagonistas del libro, tomar el compromiso de someterse a un “experimento”: para entender la naturaleza del amor erótico y su relación con la abstinencia de contacto carnal con el fin de dedicarse a la escritura. Ella es una mujer erguida que reclama su libertad. Él es, “un hombre sabio, un creyente en el socrático diciendo, ‘Todo lo que sé es que no sé nada’”.Para la Peirama peculiar, sutilmente conectados casas narrativos una colección de cuentos que se inclinan hacia la estructura de una pieza de prosa sintética, ni novela corta, ni novela. En consecuencia, el libro es una obra original, que no encaja fácilmente dentro de cualquier género tradicional de la prosa creativa.

FUENTE: http://www.euprizeliterature.eu

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El experimento (fragmento)

“ Desde hacía tres noches no cruzaba el umbral de la habitación. Vio desde lejos como ella había extendido sus papeles, apilado sus libros y lápices sobre la cama, con la ventana abierta en pleno invierno, por lo que podía ver, como ella solía decir, la luna.
Si no hubiera pasado por situaciones similares en el pasado, habría llegado a pensar que había entrado en la menopausia y que los sofocos habían comenzado. Pero reconoció el fuego que ardía en sus ojos, la mirada irracional, como ella la llamaba y sabía que su mano se movía nerviosamente de un lado a otro sobre el papel como la aguja de una máquina de coser dobladillos.
Por otra parte, ella no lo había invitado, no se había insinuado en absoluto. Un fuego ardía en su interior, pero él no era la causa.
Bilis, sangre, aire. Se acordó de los grabados de Paracelso y los escritos de Hipócrates. En verdad estaba envenenada por las palabras.
Y había algo más-algo que ella no quería confesarle. Bajo su cama, desde hacía algunos días, había sido depositada una trampilla.
Debió haber sido tres días después de Navidad, cuando yaciendo juntos, unos extraños gritos rasgaron el aire. Ella se levantó y miró por la ventana, exclamando:
-Mira. Algunos pájaros blancos vuelan hacia la luna.
Él levantó la mitad del torso, se estiró y vio también a los pájaros, subrayando:
-Gansos de nieve. ¡Qué extraño! ¿Cómo habrán llegado aquí? Podemos estar seguros de que el invierno será realmente crudo.
-Me encantaría ser un pájaro-dijo ella. Volar sobre las casas, tratando de llegar a la cima de las cumbres más distantes. Jugar con el aparejo de los barcos y posarme sobre las altas torres de los castillos. Y cuando te echara de menos, volver de nuevo a ser una mujer y acurrucarme en tus brazos. 

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FUENTE: http://www.epdlp.com

 

 

 

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¡DILES QUE NO ME MATEN!,CUENTO DE JUAN RULFO

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JUAN RULFO

CUENTO DE JUAN RULFO

FUENTE: http://zonaliteratura.com

-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.

-No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.

-Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios.

-No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a de veras. Y yo ya no quiero volver allá.

-Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues.

-No. No tengo ganas de eso, yo soy tu hijo. Y si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por afusilarme a mí también. Es mejor dejar las cosas de este tamaño.

-Anda, Justino. Diles que tengan tantita lástima de mí. Nomás eso diles.

Justino apretó los dientes y movió la cabeza diciendo:

-No.

Y siguió sacudiendo la cabeza durante mucho rato.

Justino se levantó de la pila de piedras en que estaba sentado y caminó hasta la puerta del corral. Luego se dio vuelta para decir:

-Voy, pues. Pero si de perdida me afusilan a mí también, ¿quién cuidará de mi mujer y de los hijos?

-La Providencia, Justino. Ella se encargará de ellos. Ocúpate de ir allá y ver qué cosas haces por mí. Eso es lo que urge.

Lo habían traído de madrugada. Y ahora era ya entrada la mañana y él seguía todavía allí, amarrado a un horcón, esperando. No se podía estar quieto. Había hecho el intento de dormir un rato para apaciguarse, pero el sueño se le había ido. También se le había ido el hambre. No tenía ganas de nada. Sólo de vivir. Ahora que sabía bien a bien que lo iban a matar, le habían entrado unas ganas tan grandes de vivir como sólo las puede sentir un recién resucitado. Quién le iba a decir que volvería aquel asunto tan viejo, tan rancio, tan enterrado como creía que estaba. Aquel asunto de cuando tuvo que matar a don Lupe. No nada más por nomás, como quisieron hacerle ver los de Alima, sino porque tuvo sus razones. Él se acordaba:

Don Lupe Terreros, el dueño de la Puerta de Piedra, por más señas su compadre. Al que él, Juvencio Nava, tuvo que matar por eso; por ser el dueño de la Puerta de Piedra y que, siendo también su compadre, le negó el pasto para sus animales.

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Primero se aguantó por puro compromiso. Pero después, cuando la sequía, en que vio cómo se le morían uno tras otro sus animales hostigados por el hambre y que su compadre don Lupe seguía negándole la yerba de sus potreros, entonces fue cuando se puso a romper la cerca y a arrear la bola de animales flacos hasta las paraneras para que se hartaran de comer. Y eso no le había gustado a don Lupe, que mandó tapar otra vez la cerca para que él, Juvencio Nava, le volviera a abrir otra vez el agujero. Así, de día se tapaba el agujero y de noche se volvía a abrir, mientras el ganado estaba allí, siempre pegado a la cerca, siempre esperando; aquel ganado suyo que antes nomás se vivía oliendo el pasto sin poder probarlo.

Y él y don Lupe alegaban y volvían a alegar sin llegar a ponerse de acuerdo. Hasta que una vez don Lupe le dijo:

-Mira, Juvencio, otro animal más que metas al potrero y te lo mato.

Y él contestó:

-Mire, don Lupe, yo no tengo la culpa de que los animales busquen su acomodo. Ellos son inocentes. Ahí se lo haiga si me los mata.

“Y me mató un novillo.

“Esto pasó hace treinta y cinco años, por marzo, porque ya en abril andaba yo en el monte, corriendo del exhorto. No me valieron ni las diez vacas que le di al juez, ni el embargo de mi casa para pagarle la salida de la cárcel. Todavía después, se pagaron con lo que quedaba nomás por no perseguirme, aunque de todos modos me perseguían. Por eso me vine a vivir junto con mi hijo a este otro terrenito que yo tenía y que se nombra Palo de Venado. Y mi hijo creció y se casó con la nuera Ignacia y tuvo ya ocho hijos. Así que la cosa ya va para viejo, y según eso debería estar olvidada. Pero, según eso, no lo está.

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“Yo entonces calculé que con unos cien pesos quedaba arreglado todo. El difunto don Lupe era solo, solamente con su mujer y los dos muchachitos todavía de a gatas. Y la viuda pronto murió también dizque de pena. Y a los muchachitos se los llevaron lejos, donde unos parientes. Así que, por parte de ellos, no había que tener miedo.

“Pero los demás se atuvieron a que yo andaba exhortado y enjuiciado para asustarme y seguir robándome. Cada vez que llegaba alguien al pueblo me avisaban:

“-Por ahí andan unos fureños, Juvencio.

“Y yo echaba pal monte, entreverándome entre los madroños y pasándome los días comiendo verdolagas. A veces tenía que salir a la media noche, como si me fueran correteando los perros. Eso duró toda la vida . No fue un año ni dos. Fue toda la vida.”

Y ahora habían ido por él, cuando no esperaba ya a nadie, confiado en el olvido en que lo tenía la gente; creyendo que al menos sus últimos días los pasaría tranquilos. “Al menos esto -pensó- conseguiré con estar viejo. Me dejarán en paz”.

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Se había dado a esta esperanza por entero. Por eso era que le costaba trabajo imaginar morir así, de repente, a estas alturas de su vida, después de tanto pelear para librarse de la muerte; de haberse pasado su mejor tiempo tirando de un lado para otro arrastrado por los sobresaltos y cuando su cuerpo había acabado por ser un puro pellejo correosocurtido por los malos días en que tuvo que andar escondiéndose de todos.

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Por si acaso, ¿no había dejado hasta que se le fuera su mujer? Aquel día en que amaneció con la nueva de que su mujer se le había ido, ni siquiera le pasó por la cabeza la intención de salir a buscarla. Dejó que se fuera sin indagar para nada ni con quién ni para dónde, con tal de no bajar al pueblo. Dejó que se le fuera como se le había ido todo lo demás, sin meter las manos. Ya lo único que le quedaba para cuidar era la vida, y ésta la conservaría a como diera lugar. No podía dejar que lo mataran. No podía. Mucho menos ahora.

Pero para eso lo habían traído de allá, de Palo de Venado. No necesitaron amarrarlo para que los siguiera. Él anduvo solo, únicamente maniatado por el miedo. Ellos se dieron cuenta de que no podía correr con aquel cuerpo viejo, con aquellas piernas flacas como sicuas secas, acalambradas por el miedo de morir. Porque a eso iba. A morir. Se lo dijeron.

Desde entonces lo supo. Comenzó a sentir esa comezón en el estómago que le llegaba de pronto siempre que veía de cerca la muerte y que le sacaba el ansia por los ojos, y que le hinchaba la boca con aquellos buches de agua agria que tenía que tragarse sin querer. Y esa cosa que le hacía los pies pesados mientras su cabeza se le ablandaba y el corazón le pegaba con todas sus fuerzas en las costillas. No, no podía acostumbrarse a la idea de que lo mataran.

Tenía que haber alguna esperanza. En algún lugar podría aún quedar alguna esperanza. Tal vez ellos se hubieran equivocado. Quizá buscaban a otro Juvencio Nava y no al Juvencio Nava que era él.

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Caminó entre aquellos hombres en silencio, con los brazos caídos. La madrugada era oscura, sin estrellas. El viento soplaba despacio, se llevaba la tierra seca y traía más, llena de ese olor como de orines que tiene el polvo de los caminos.

Sus ojos, que se habían apenuscado con los años, venían viendo la tierra, aquí, debajo de sus pies, a pesar de la oscuridad. Allí en la tierra estaba toda su vida. Sesenta años de vivir sobre de ella, de encerrarla entre sus manos, de haberla probado como se prueba el sabor de la carne. Se vino largo rato desmenuzándola con los ojos, saboreando cada pedazo como si fuera el último, sabiendo casi que sería el último.

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Luego, como queriendo decir algo, miraba a los hombres que iban junto a él. Iba a decirles que lo soltaran, que lo dejaran que se fuera: “Yo no le he hecho daño a nadie, muchachos”, iba a decirles, pero se quedaba callado. “Más adelantito se los diré”, pensaba. Y sólo los veía. Podía hasta imaginar que eran sus amigos; pero no quería hacerlo. No lo eran. No sabía quiénes eran. Los veía a su lado ladeándose y agachándose de vez en cuando para ver por dónde seguía el camino.

Los había visto por primera vez al pardear de la tarde, en esa hora desteñida en que todo parece chamuscado. Habían atravesado los surcos pisando la milpa tierna. Y él había bajado a eso: a decirles que allí estaba comenzando a crecer la milpa. Pero ellos no se detuvieron.

Los había visto con tiempo. Siempre tuvo la suerte de ver con tiempo todo. Pudo haberse escondido, caminar unas cuantas horas por el cerro mientras ellos se iban y después volver a bajar. Al fin y al cabo la milpa no se lograría de ningún modo. Ya era tiempo de que hubieran venido las aguas y las aguas no aparecían y la milpa comenzaba a marchitarse. No tardaría en estar seca del todo.

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Así que ni valía la pena de haber bajado; haberse metido entre aquellos hombres como en un agujero, para ya no volver a salir.

Y ahora seguía junto a ellos, aguantándose las ganas de decirles que lo soltaran. No les veía la cara; sólo veía los bultos que se repegaban o se separaban de él. De manera que cuando se puso a hablar, no supo si lo habían oído. Dijo:

-Yo nunca le he hecho daño a nadie -eso dijo. Pero nada cambió. Ninguno de los bultos pareció darse cuenta. Las caras no se volvieron a verlo. Siguieron igual, como si hubieran venido dormidos.

Entonces pensó que no tenía nada más que decir, que tendría que buscar la esperanza en algún otro lado. Dejó caer otra vez los brazos y entró en las primeras casas del pueblo en medio de aquellos cuatro hombres oscurecidos por el color negro de la noche.

-Mi coronel, aquí está el hombre.

Se habían detenido delante del boquete de la puerta. Él, con el sombrero en la mano, por respeto, esperando ver salir a alguien. Pero sólo salió la voz:

-¿Cuál hombre? -preguntaron.

-El de Palo de Venado, mi coronel. El que usted nos mandó a traer.

-Pregúntale que si ha vivido alguna vez en Alima -volvió a decir la voz de allá adentro.

-¡Ey, tú! ¿Que si has habitado en Alima? -repitió la pregunta el sargento que estaba frente a él.

-Sí. Dile al coronel que de allá mismo soy. Y que allí he vivido hasta hace poco.

-Pregúntale que si conoció a Guadalupe Terreros.

-Que dizque si conociste a Guadalupe Terreros.

-¿A don Lupe? Sí. Dile que sí lo conocí. Ya murió.

Entonces la voz de allá adentro cambió de tono:

-Ya sé que murió -dijo-. Y siguió hablando como si platicara con alguien allá, al otro lado de la pared de carrizos:

-Guadalupe Terreros era mi padre. Cuando crecí y lo busqué me dijeron que estaba muerto. Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta. Con nosotros, eso pasó.

“Luego supe que lo habían matado a machetazos, clavándole después una pica de buey en el estómago. Me contaron que duró más de dos días perdido y que, cuando lo encontraron tirado en un arroyo, todavía estaba agonizando y pidiendo el encargo de que le cuidaran a su familia.

“Esto, con el tiempo, parece olvidarse. Uno trata de olvidarlo. Lo que no se olvida es llegar a saber que el que hizo aquello está aún vivo, alimentando su alma podrida con la ilusión de la vida eterna. No podría perdonar a ése, aunque no lo conozco; pero el hecho de que se haya puesto en el lugar donde yo sé que está, me da ánimos para acabar con él. No puedo perdonarle que siga viviendo. No debía haber nacido nunca”.

Desde acá, desde fuera, se oyó bien claro cuando dijo. Después ordenó:

-¡Llévenselo y amárrenlo un rato, para que padezca, y luego fusílenlo!

-¡Mírame, coronel! -pidió él-. Ya no valgo nada. No tardaré en morirme solito, derrengado de viejo. ¡No me mates…!

-¡Llévenselo! -volvió a decir la voz de adentro.

-…Ya he pagado, coronel. He pagado muchas veces. Todo me lo quitaron. Me castigaron de muchos modos. Me he pasado cosa de cuarenta años escondido como un apestado, siempre con el pálpito de que en cualquier rato me matarían. No merezco morir así, coronel. Déjame que, al menos, el Señor me perdone. ¡No me mates! ¡Diles que no me maten!.

Estaba allí, como si lo hubieran golpeado, sacudiendo su sombrero contra la tierra. Gritando.

En seguida la voz de allá adentro dijo:

-Amárrenlo y denle algo de beber hasta que se emborrache para que no le duelan los tiros.

Ahora, por fin, se había apaciguado. Estaba allí arrinconado al pie del horcón. Había venido su hijo Justino y su hijo Justino se había ido y había vuelto y ahora otra vez venía.

Lo echó encima del burro. Lo apretaló bien apretado al aparejo para que no se fuese a caer por el camino. Le metió su cabeza dentro de un costal para que no diera mala impresión. Y luego le hizo pelos al burro y se fueron, arrebiatados, de prisa, para llegar a Palo de Venado todavía con tiempo para arreglar el velorio del difunto.

-Tu nuera y los nietos te extrañarán -iba diciéndole-. Te mirarán a la cara y creerán que no eres tú. Se les afigurará que te ha comido el coyote cuando te vean con esa cara tan llena de boquetes por tanto tiro de gracia como te dieron.

English: Photography made by Lupe for publishi...English: Photography made by Lupe for publishing purpose. Português: Fotografia feita por Lupe para divulgação do artista (Photo credit: Wikipedia)

Juvencio ValleJuvencio Valle (Photo credit: Wikipedia)

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LEOPOLDO GARCÍA-ALAS Y UREÑA “CLARÍN”

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“CLARÍN”

Leopoldo García-Alas y Ureña«Clarín» (Zamora25 de abril de 1852Oviedo13 de junio de 1901) fue un escritor español.1

DIVERSOS TEXTOS CLARINIANOS DE CRÍTICA LITERARIA

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LITERATURA

FUENTE: http://cvc.cervantes.es

 

Solo de Clarín, 9. La mosca sabia

Por Sergio León Gómez

Mi nombre es Hsiang. Soy el que custodia los libros,
que acaso son los últimos,
porque nada sabemos del Imperio
y del Hijo del Cielo.
Ahí están en los altos anaqueles,
cercanos y lejanos a un tiempo,
secretos y visibles como los astros.
Ahí están los jardines, los templos
.

Los anteriores versos de Jorge Luis Borges son parte del poema «El guardián de los libros» donde su autor nos habla del amor por los libros. No sé si el bibliófilo comparte de la misma manera estos sentimientos hacia un objeto que puede encerrar un mundo y que, precisamente por eso, pierde sentido cuando sus páginas son prisioneras de los anaqueles y los escaparates. Acaso Clarín percibió lo mismo cuando visitó la famosa biblioteca a la que se refiere en el texto. Lo cierto es que en su tiempo son célebres dos grandes bibliófilos: Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897) y José Lázaro Galdiano(1862-1947). El primero reunió en su biblioteca cerca de 35 000 volúmenes donde abundaban verdaderas rarezas bibliográficas. El segundo aún no había llegado a ser el gran coleccionista que fue, cuando Clarín escribió este artículo. Todo parece indicar que la crítica de nuestro autor se refiere a Cánovas del Castillo, el político más importante de la España del xix a quien Clarín estimaba tan poco que no tenía reparos en ridiculizarlo, como efectivamente lo hizo en sus Folletos literarios.

Don Eufrasio Macrocéfalo me permitió una noche penetrar en el sancta-sanctorum, en su gabinete de estudio, que era, más bien que gabinete, salón biblioteca: las paredes estaban guarnecidas de gruesos y muy respetables volúmenes, cuyo valor en venta había de subir a un precio fabuloso el día en que don Eufrasio cerrase el ojo y se vendiera aquel tesoro de ciencia en pública almoneda; pues si mucho vale Aristóteles por su propia cuenta, un Aristóteles propiedad del sabio Macrocéfalo tenía que valer mucho más para cualquier bibliómano capaz de comprender a mi ilustre amigo. Era mi objeto, al visitar la biblioteca de don Eufrasio, verificar notas en no importa qué autor, cuyo libro no era fácil encontrar en otra parte; y llegó a tanto la amabilidad insólita del erudito, que me dejó solo en aquel santuario de la sabiduría, mientras él iba a no sé qué Academia a negar un premio a cierta Memoria en que se le llamaba animal, no por llamárselo, sino por demostrar que no hay solución de continuidad en la escala de los seres.

La biblioteca de don Eufrasio era una habitación tan abrigada, tan herméticamente cerrada a todo airecillo indiscreto por lo colado, que no había recuerdo de que jamás allí se hubiera tosido ni hecho manifestación alguna de las que anuncian constipado: don Eufrasio no quería constiparse, porque su propia tos le hubiera distraído de sus profundas meditaciones. Era, en fin, aquélla una habitación en que bien podría cocer pan un panadero, como dice Campoamor. Junto a la mesa escritorio estaba un brasero todo ascuas, y al extremo de la sala, en una chimenea de construcción anticuada, ardían troncos de encina que se quejaban al quemarse. Mullida alfombra cubría el pavimento, cortinones de tela pesada colgaban en los huecos, y no había rendija sin tapar, ni por lado alguno pretexto para que el aire frío del exterior penetrase atropelladamente, sino por sus pasos contados y bajo palabra de ir calentándose poco a poco.

[…]

052

En vez de evacuar las citas que llevaba apuntadas, arrellanéme en una mecedora, cerca del brasero, y en dulce somnolencia dejé a la perezosa fantasía vagar a su antojo, llevando el pensamiento por donde ella fuere. Pero la fantasía se quejaba de que le faltaba espacio entre aquellas paredes de sabiduría, que no podía romper, como si fuesen de piedra. ¿Cómo atravesar con holgura aquellos tomos que sabían todo lo que Platón dijo, y que gritaban aquí ¡Leibnitz!, más allá ¡Descartes!, ¡San Agustín!, ¡Enciclopedia!, ¡Sistema del mundo!, ¡Crítica de la razón pura!, ¡Novum organum!

(Tomado de «La mosca sabia»,
en Solos de Clarín, Madrid, Alianza, 1971, pp. 138-153.)

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Español: Retrato de Antonio Cánovas del Castillo en el Palacio del Senado de España (Photo credit: Wikipedia)

Español: Retrato de Antonio Cánovas del Castillo en el Palacio del Senado de España (Photo credit: Wikipedia)

SONETO

[EL SOLFEO,N.º 49,19 DE OCTUBRE DE 1875]

LEOPOLDO ALAS

A la concha de Venus amarrado
y al recio galopar de los tritones,
por formar comités para elecciones
cual César, cruza el mar alborotado.
Neptuno, que estará subvencionado,  5
en redes de cristal tiende traiciones,
y del agua salobre cien montones
arroja sobre el nauta atribulado.
Mas todo su furor aquí no basta;
toca por fin las playas españolas  10
débil barquilla en forma de canasta
adornada con lindas bandoleras,
y brota al punto el inmortal Sagasta
cual Venus de la espuma de las olas.

Hablar de Clarín y Europa es completar la fórmula famosa de J. A. Cabezas: «el provinciano universal» llegó a ser «europeo universal». Basta recordar la relación privilegiada que Leopoldo Alas mantiene a lo largo de su existencia de novelista, ensayista, periodista y catedrático con el entorno cultural europeo.

               Desde las aulas de su formación en Oviedo, y más que todo en el Madrid de los años krausistas, desde las bibliotecas y las salas de lectura de los Ateneos, los Casinos y los Círculos, desde las trastiendas de los amigos libreros y editores, se le ve siempre a la busca de contactos e informaciones sobre todo cuanto se publica en libros, revistas y periódicos, tanto extranjeros como nacionales.

               Impresiona ver, por ejemplo, la capacidad de reacción y asimilación que manifiesta el crítico de los Solos, todavía desinformado, en los escritos de fines del 78, sobre el giro decisivo que suponía la novelística naturalista, y convertido unos meses más tarde en el mejor conocedor español de la obra de Zola, del cual se le ve leer todo lo publicado anteriormente y comentar, al filo inmediato de la publicación ulterior, todo lo que escribe el Maestro de Médan —novelas, ensayos y artículos incluidos.

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eufrásio no domingo (Photo credit: Mathieu Struck)

eufrásio no domingo (Photo credit: Mathieu Struck)

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English: Michele Angiolillo assassinates spanish premier Cánovas. Drawing from a contemporary journal. (Photo credit: Wikipedia)

English: Michele Angiolillo assassinates spanish premier Cánovas. Drawing from a contemporary journal. (Photo credit: Wikipedia)

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IMAGEN :P UÑO Y LETRA DEL POEMA DE  CLARÍN –   “ESTOY TAN DESCONCERTADO”

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WYSTAN HUGH AUDEN

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WYSTAN HUGH  AUDEN

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WYSTAN HUGH AUDEN

Reseña biográfica

Poeta y ensayista norteamericano de origen  inglés nacido en York, Yorkshire, en 1907.
Su infancia transcurrió en Birmingham donde su padre ejercía como profesor de la escuela de medicina. Muy pronto se interesó por la poesía, y al ingresar a la Universidad de Oxford, escribió los primeros poemas.  Su primera colección apareció en 1930, convirtiéndolo en la voz más influyente de la nueva generación de poetas ingleses.

FUENTE: http://www.amediavoz.com

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Visitó Alemania, Islandia, China y España, y finalmente se estableció en Estados Unidos en 1939 donde más tarde se hizo ciudadano americano.
Entre sus obras más destacadas se cuentan “Hombre doble” en 1941,  “El escudo de Aquiles” en 1955,“Poemas extensos completos”  en 1969 y “La edad de la ansiedad” ganadora del Premio Pulitzer en 1948.
De 1954 a 1973 fue director ejecutivo de la Academia Americana de Poetas y dividió la mayor parte se su tiempo entre Nueva York y Austria. Falleció en Viena en 1973.

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Asilo de ancianos

Todos poseen un límite: cada uno
Tiene un matiz de daño muy distinto. La élite
Es capaz de arreglarse por sí misma,
Caminar apoyada en un bastón,
Leer completo un libro, interpretar
Movimientos de fáciles sonatas.
(Pero acaso la libertad carnal
Es el veneno del espíritu:
Conscientes de lo que ha sucedido y el porqué
Abominan su tristeza sin lágrimas.)
Luego vienen los de silla de ruedas, el promedio
Que soporta la tele
Y guiado por amables terapeutas
Canta en comunidad.
Después los solitarios que musitan
Palabras en el limbo, y al final
Los que ya son del todo incompetentes
Y como una parodia de las plantas
(Ellas pueden sudar sin ensuciarse).
No obstante, hay algo que los une:
Todos aparecieron cuando el mundo,
A pesar de sus males,
Era más habitable y más vistoso
Y los viejos tenían auditorio
Y un lugar en la tierra.
(El niño reprendido por su madre
Podía refugiarse con la abuela para ser consolado
Y escuchar algún cuento.)
Hoy ya todos sabemos qué esperar,
Mas su generación es la primera
Que se ha desvanecido de este modo:
No en casa sino asignada a un pabellón, arrojada
Como se arrumban fardos indeseables.

Mientras voy en el Metro para estar
Media hora con una del asilo,
Recuerdo quién fue ella en su esplendor.
Entonces visitarla era un orgullo
Y no una caridad.
¿Seré tan frío como para esperar
Un somnífero rápido, indoloro;
O bien para rogar, como ella ruega,
Que Dios o la naturaleza precipiten
Su función terrenal?
1970

Versión de José Emilio Pacheco

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Canción de cuna

El estrépito del trabajo queda mitigado,
otro día ha llegado a su ocaso
y se ha cernido el manto de la oscuridad.
¡Paz! ¡Paz! Desprovee tu retrato
de sus vejaciones y descansa.
Tu ronda diaria ha concluido,
has sacado la basura,
respondido algunas cartas aburridas
y pagado una factura a vuelta de correo,
todo ello frettolosamente.
Ahora tienes permiso para yacer,
desnudo, aovillado cual quisquilla,
recostado en la cama, y disfrutar
de su acogedor microclima:
canta, Grandullón, canta arrorró.

Los antiguos griegos se equivocaban:
Narciso es un vejete,
domado por el tiempo, liberado al fin
de la lujuria de otros cuerpos,
racional y reconciliado.
Durante muchos años envidiaste
al hirsuto, el tipo machote.
Ya no: ahora acaricias
tu carne casi femenina
con enorgullecida satisfacción,
imaginando que eres
inmaculado e independiente,
calentito en la madriguera de ti mismo,
madonna y bambino:
canta, Grandullón, canta arrorró.

Deja que tus últimos pensamientos sean todo agradecimiento:
ensalza a tus padres que te dieron
un Super Ego de fuerza
que te ahorra tantas molestias,
llama a amigos y seres queridos por doquier,
luego rinde justo tributo
a tu edad, a haber
nacido cuando naciste. En la adolescencia
se te permitió conocer
hermosas antiguallas
que pronto desaparecerían de la faz de la tierra,
locomotoras de caldera venical, motores de balancín
y ruedas hidráulicas de admisión superior.
Sí, amor mío, has tenido suene:
canta, Grandullón, canta arrorró.

Ahora a caer en el olvido: que
la mente del vientre se apropie
por debajo del diafragma,
del dominio de las Madres,
quienes vigilan las Puertas Sagradas,
sin cuyas mudas advertencias
el yo verbalizador pronto
se conviene en un déspota despiadado,
lascivo, incapaz de amar,
desdeñoso, hambriento de estatus.
Si te acecharan los sueños, no les hagas caso,
pues todos ellos, tanto los dulces como los horrendos,
Son bromas de dudoso buen gusto,
demasiado insípidas para hacerles caso.
canta, Grandullón, canta arrorró.
Abril de 1972

Versión de Eduardo Iriarte
“Canción de cuna y otros poemas”

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Dichtung und wahrheit  (fragmento)

L
Este poema que deseaba escribir debería haber expresado exactamente lo que quiero decir cuando pienso
las palabras Te amo, pero no puedo saber exactamente qué quiero decir;
debería haberme resultado manifiestamente verdadero, pero las palabras no pueden
verificarse a sí mismas. Así que este poema quedará sin escribir. Eso no importa.
Llegas mañana; si estuviera escribiendo una novela en la que ambos fuéramos personajes,
sé exactamente cómo te recibiría en la estación: adoración en la mirada; en la lengua
guasa y
 lascivia.
Pero ¿quién sabe cómo te recibiré exactamente? ¿La Dama Bondad?
Vaya, esa sí que es una idea. ¿Se podría escribir un poema (un tanto desagradable, quizá)
sobre Ella?
1959

Versión de Eduardo Iriarte
“Canción de cuna y otros poemas”

irving_penn

Epílogo

Los mundos ficticios e intemporales
de significado manifiesto
no deleitarían,

uno fuera el nuestro
uno temporal donde nada
eslo que parece.

.  .  .

Un poema; un cuento:
pero cualquiera bueno
nos empuja a querer saber.

.  .  .

Sólo los pájaros poco melodiosos,
guerreros inarticulados,
necesitan un plumaje llamativo.

.  .  .

En una casa de citas, tanto
las damas como los caballeros
tienen motes únicamente.

.  .  .

El Mal enmudecido
tomó prestado el lenguaje del Bien
y a ruido lo redujo.

.  .  .
Un día triste y árido.
¿Qué falsedad pirata
ha decapitado tu raudal de Verdad?

.  .  .
En momentos afortunados parecemos a punto
de decir de veras lo que creemos que creemos: r
pero, incluso entonces, el ojo honrado debería guiñar.

.  .  .
La Naturaleza, consecuente y augusta,
no puede enseñarnos qué escribir o hacer:
con Ella lo real siempre es cierto,
y lo que es cierto también es justo.

.  .  .
El tiempo te ha enseñado
cuanta inspiración
te aportaron tus vicios,
la deuda de la imaginación
con la tentación
a la que cediste,
que más de un hermoso
verso expresivo
no habría existido,
si hubieras ofrecido resistencia:
como poeta, tú
sabes que es cierto,
y aunque en la Iglesia
a veces rezas
para sentirte contrito,
no funciona.
felix culpa, dices:
igual tienes razón.

Esperas, sí,
que tus libros te justifiquen,
te salven del infierno:
aun así,
sin parecer triste,
sin que en modo alguno
dé la impresión de que te culpa
(no le hace falta,
bien sabe
a qué hace caso
un enamorado del arte como tú),
Dios puede hacer
el Día del Juicio,
que te deshagas en lágrimas de vergüenza,
recitando de memoria
los poemas que
habrías escrito, si
hubiera sido digna tu vida.

Versión de Eduardo Iriarte
“Canción de cuna y otros poemas”

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Funeral blues

(De “Dos canciones para Hedli Anderson)

Paren todos los relojes, descuelguen el teléfono,
Eviten que el perro ladre dándole un hueso jugoso,
Silencien los pianos, y con un apagado timbal,
Saquen el ataúd, dejen pasar a los deudos.

Que los aviones nos sobrevuelen en círculos luctuosos
garabateando en el cielo el mensaje  Él ha muerto,
Pongan un crespón alrededor de los cuellos blancos de las palomas,
Que los policías de tráfico usen guantes negros de algodón.

Él era mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste,
Mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
Mi mediodía, mi medianoche, mi palabra, mi canción;
Creí que el amor sería eterno, pero me equivoqué.

Ya no deseo las estrellas: apáguenlas todas;
Llévense la luna y desmantelen el sol;
Vacíen el océano y talen los bosques,
Porque ya nada puede volver a ser como antes.

Versión de Luis S.

w.h.-auden0614

La historia de la verdad

En aquellos tiempos en que ser era creer,
la Verdad era el súmmum de muchos creíbles,
más previa, más perpetua, que un león con alas de murciélago,
un perro con cola de pez o un pez con cabeza de águila,
en absoluto como los mortales, en tela de juicio por sus muertes.

La Verdad era su modelo mientras se afanaban en construir
un mundo de objetos perdurables en los que creer,
sin creer que la loza de barro y la leyenda,
el pórtico y la canción, eran veraces o embusteros:
la Verdad ya existía para ser cierta.

Esto ahora que, práctica como los platos de cartón,
la Verdad es convertible en kilovatios,
lo último por lo que nos regimos es un antimodelo,
alguna falsedad que cualquiera puede desmentir,
una nada en cuya existencia nadie tiene por qué creer.
1958 ¿?

Versión de Eduardo Iriarte
“Canción de cuna y otros poemas”

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JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ.”CULTURALISMO VIVENCIAL”

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José María Álvarez

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José María Álvarez, nacido en Cartagena (Región de Murcia) en 1942, es un poeta y novelista español.

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La principal obra de José María Álvarez es Museo de cera (1970 [con el título de 87 poemas], 1974, 1978, 1984, 1990, 1993 y 2002), ha ido haciéndose a lo largo de los años por el empeño de su autor en realizar un libro único y totalizador. No obstante, al sacar a la luz la última edición, el poeta dio por terminado el ciclo de forma explícita. José María Álvarez ha emprendido múltiples caminos de la poesía española contemporánea pasando de una poesía social y de escarceos con la vanguardia a un culturalismo vivencial. El protagonista de sus poemas no es ya el revolucionario que quiere cambiar la vida, sino un decadente vividor que desdeña al vulgo, que ama las causas perdidas.

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Sus poemas suelen componerse de dos partes:

  1. una cita introductoria (alusiones a mitos del cine, diálogos de teatro, fragmentos de novelas, poemas, ensayos, letras de canciones, etc.) y
  2. el poema propiamente dicho, que intenta la organización del caos, la explicación de un mundo incomprensible.

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En este deseo de intercomunicar un mundo esencialmente incomunicado, el papel del poeta está visto como un destino fatal (Acepta tu destino como el precio/ de tu palabra. Escribe.); y el tiempo -una constante en Álvarez- viene a corroboramos que todo lo que hacemos es inútil (Antes de levantar los ojos de estos versos/ ya no seré más que el polvo de una época/ que no será recordada).

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En 2003 apareció Los decorados del olvido, un libro poético dentro de la experiencia testimonial donde son los ejes principales el sexo y la sociedad, en un tono general de sarcasmo. También hay elegía, homenajes, e introspección en una escenografía de fuerte sensorialidad.

FUENTE: http://es.wikipedia.org

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Fuente: http://amediavoz.com

ALGUNOS POEMAS DE JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ:

Abçatritaz

Un secreto esplendor que aún no es ceniza
Francisco Brines

Si Brittles prefiere abrir la puerta en presencia
de testigos -dijo Gilles después de una larga pausa-,
me presto sin duda a acompañarlo
Charles Dickens

Podrías huir. Sin duda. La
nueva Luz del mundo, Octavio, te
perdonaría (si no gustoso, el interés
le haría respetarte,
cubrirte de riquezas). Y eres aún tan bella. Sí, podrías…

Pero no seguirás ese camino.
Y no
por el amor de Antonio, ni porque fuera indigno
de quien de tantos reyes es el último,
sino algo más profundo: algo que sólo a ti te vale,
a cuanto yace en tu memoria.
Y cómo modificaría
esa huida, el pasado.
Lo que fuera esplendor
-esa gloria por la que apostaste-
ahora sería mediocridad;
la grandeza de guerras y pasiones
quedaría convertida en las vulgares
apetencias de una zorra codiciosa.

Por eso, no lo dudas.
y dejas que te vistan tus sirvientas
con tus mejores ropas, y perfumas
tu cuello, y te sientas
segura y orgullosa
en ese trono. Y sin
que la sonrisa se borre de tu boca,
metes la mano en ese cesto
de higos que se mueven, y esperas
la picadura en tu muñeca.

1997_1

Anatron

                                                                                      -¿Y tú quién eres?
-La Ocasión poderosa
Posidipo

Raya algún destello histórico allá
entre las lobregueces del siglo
Edward Gibbon

Para Evelyne Sinnassamy y Michael Nerlich

No existían. He aquí un producto
del siglo XX en sus finales. Genuino:

Esta criatura,
aún ni siquiera adolescente,
vestida y maquillada como puta,
exhibiendo (ignoro si sintiendo)
lumbre de furia sensual,
fantástica,
letal.

Esas piernas, ese culo, ese cuerpo
moldeado por la lycra,
no Son ya piernas, culo, cuerpo,
-como no lo es esa mirada
pervertida- capaces
de una devastación
normal. Esos ojos, esa
boca, ese rostro con ese maquillaje,
es otra dimensión de la belleza
y la sensualidad que controlábamos.

Mientras tú aún estás pensando
en Lampedusa, el Rey Anuro, o en el Ramayana o en
Rimbaud,
o dándole vueltas a la Guerra de los Treinta Años,
o qué sé yo, pensando aún que nuestras vidas
son esos ríos, según Manrique,
que van al mar / morir,

este Ser de la Noche,
bizarre déité como diría
el disipado Baudelaire, ha descubierto
que ni Gatopardos ni Wallenstein,
ni siquiera el mar/morir. Sino que todo
es, simplemente, una molestia,
y que toda molestia ha de evitarse.
La televisión, y en el colegio,
y en su familia, ha aprendido
que el mundo es suyo.

Y ah, cómo retoza,
cómo brilla, fantástica, a las luces
de este bar, qué hermoso es ese rostro
sin destino, excitante, cómo mastica
nuestras entrañas, ese juguillo que le resbala
por la comisura de los labios…

Por fin, la quintaesencia
de la sonrisa de la Esfinge,
morfina de la desesperación,
que bailará, llamándonos
más allá de la cenizas, las ruinas, los despojos,

por fin, la dulce mano
que sostendrá, arrancado del cadáver,
el corazón aún latiendo del Horror.

2001_2
Argent vivo

                            ¡Qué vida más tranquila parece llevar mi familia!
-pensó Gregorio
Franz Kafka

La voluntad y los apetitos… ah!
Edmund Burke

¿Lo recuerdas? Tuvimos
la Luna en la palma de la mano.
Nunca otra vez la música
de aquel tambalillo de la playa
volverá a hacernos bailar,
ni, sin que nosotros lo escuchemos,
a crujir el mundo volverá.
Volverá tu marido, no es mal tipo,
en su jardín tu aburrimiento a colgar,
y el calorcillo que alumbra entre tus muslos
¿a quién llamará?
Quizá otros brazos y otros besos
profundamente sentirás,
y tu marido y yo quizá acabemos
bebiendo solitarios en un bar,
haciéndonos amigos; como es lógico
evocarte nos unirá.
Pero recuerda, como yo te he leído a Scott Fitzgerald
nadie te lo leerá.

2006_1

Astarnuz

                                                                                Algún Dios de amor avía
Cartagena

Como la adormidera del desierto
Juan Arolas

La súbita luz de este conocimiento,
surgido en medio del horror,
obró un efecto extraordinario en mí
Henry James

Son cosas que suceden
en los hoteles. Cuando un hombre
llega, aburrido, tira
la chaqueta en la cama, se sirve un vodka, y
con rostro impenetrable
conecta el aparato de la televisión.

Es raro que acontezca
algo notable. Pero
aquella noche -oh ebria la Fortuna-
nada más encenderse,
apareció en pantalla un rostro único,
admirable, perfecto, inteligente,
cómplice.
Me aguardaba
como las panteras acechan a su presa.
Era Sharon Stone.
Me dije: No es posible.
Y contemplé la imbecilidad de aquella película
como cuando recorro el Canal Grande de Venezia,
sin dejar de asombrarme.
No es que uno sea demasiado impresionable.
Le aseguro al lector haber pasado
trances de esta índole, muy altos.
Pero
el gesto y la mirada de la Stone,
son otra cosa. Y
si entonces -y hoy- porque ese rostro,
esa boca, esos ojos, ese gesto
estuviera en mi cama, me pidieran
releer ya nunca a Stendhal, yo aceptara.
Porque gozar a una mujer así
no es placer inferior
ni acaso de otra especie
que escuchar la Misa en sí menor de Bach en Chartres,
que acarician la carne del crepúsculo sobre Istanbul
o que leer a Píndaro en voz alta
desde Delfos. Meter la lengua en esa boca
y recibir la suya, debe ser
¡Dios! como la sacudida en la inteligencia cuando
se lee a Shakespeare o a Borges, o a Nabokov, como
lo que debió sentir Colón
al oler la tierra. Sentir cómo ese cuerpo se abandona al placer,
ver enturbiarse esa mirada,
no es de rango menor
que comprender el Panteón.
Y
hay que ver, todo eso,
con la cantidad de excitantes pensamientos
a que después diera lugar, con lo que ha enriquecido
mi vida y mi memoria,

es algo que sucede, así, sin pretenderlo,
una noche de tantas,
por ir a dar una conferencia en Barcelona,
en una habitación
de hotel, de pronto, como dicen
que veía
Mozart,
o los santos,
a Dios.

1976_1

Aymant

                            Como a Bennvenuto Cellini -hacia quien experimento mayor
inclinación de la que tengo por los otros maestros del
Quattrocento-, me gusta vagar por la arena abandonada por
la marea, recogiendo conchas, guijas
Claude Lévi–Strauss

…Las viejas playas. A las que siempre
algo
te lleva. Como ningún otro latido
del mundo, esas orillas…

Caminas por el filo de las aguas. El sol que las traspasa,
ese velo cristalino,
y esas conchas
medio enterradas en la arena, y esas cintas
azules
que la luz dibuja.

No es tu memoria
quien reconoce,
donde existe depositada esa luz, esos colores,
estas orillas transparentes, la sensación
de la mar en tus dedos.
Es una dicha sin pasado. Sólo su instante
de exaltación, la
Vida
más allá
de lo comprensible.

1985_1

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“EL VERSO DE MACHADO ES INGENIOSO,ÁGIL Y EXPRESIVO.”

Edificio Uranga y Círculo de Prensa Rosario

Edificio Uranga y Círculo de Prensa Rosario (Photo credit: lu6fpj)

MANUEL MACHADO

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SevillaSevilla (Photo credit: Werkmens)

El poeta Manuel Machado Ruiz nació en Sevilla, actual capital
de la comunidad autónoma de Andalucía(España), el 29 de
agosto del año 1874. Su padre (Antonio Machado Álvarez) era
un conocido folclorista sevillano de sobrenombre «Demófilo»
y su madre Ana Ruiz. Su hermano fue otro poeta de talla
similar y de trayectoria paralela: Antonio Machado. De su
padre heredó con creces el amor a lo auténtico del carácter
popular andaluz. También su infancia debió transcurrir en
un patio de Sevilla, en donde habría un alegre huerto con,
-al menos-, un limonero, en el seno del palacio de Las Dueñas,
en donde su padre trabajaba como administrador de la ilustre
casa ducal de Alba. Pero cuando Manuel tenía 9 años, Sevilla
se les había quedado pequeña y hubo que buscar fortuna en la
capital de España, que siempre acoge a todos con los brazos
abiertos. La familia se trasladó a Madrid y allí fue donde
desarrolló lo importante de sus estudios que llegaron hasta
la licenciatura de Filosofía y Letras. A partir de esos años,
la familia Machado volvería a Sevilla en muy escasas ocasiones
pero lo sevillano y lo andaluz siempre fue para él una
referencia viva, aunque distante, por la nostalgia y el amor
que derramaban sus padres hacia la tierra que les vio nacer.
En Madrid, el joven Manuel empieza a dar a conocer sus
primeras poesías. Con el transcurrir de los años, llegó a
ser director de la Hemeroteca y Museo Municipal. Creó varias
revistas literarias de escasa duración, y colaboró en
periódicos diarios de Europa y América. En el año 1938
-en plena guerra civil- fue designado para ocupar un sillón
en la Real Academia Española. Manuel y Antonio, dos poetas
hermanos que despuntaban en aquel Madrid de principios del
siglo XX, ambos llegaron a colaborar en la creación teatral,
siempre impregnada de situaciones que recordaban al típico
ambiente andaluz. La obra cumbre de la creación teatral de
los hermanos Machado, es sin duda, «La Lola se va a los Puertos»
de la cual se han hecho un par de versiones cinematográficas.
Otras obras teatrales en cooperación fraternal fueron «La duquesa
de Benamejí» ; «La prima Fernanda» ; «Juan de Mañara» ;
«Las adelfas» ; «El hombre que murió en la guerra» ; «Desdichas
de la fortuna o Julianillo Valcárcel». Después los dos hermanos
poetas se encaminan por senderos separados que les conducen,
hacia el final de sus vidas, a abrazar los dos diferentes bandos
en los que desembocó España por culpa de la guerra civil.
Manuel y Antonio, a pesar de recorrer caminos separados en la
creación poética, siempre conservaron un paralelismo en sus obras,
que cualquiera que las observe con algún detenimiento, descubrirá
en cada una de ellas, algunos retazos o matices que delatan la
fuente común de la que bebieron y vivieron…(…)

Fuente: http://www.los-poetas.com

Español: Los actores Irene López Heredia, Iren...
Español: Los actores Irene López Heredia, Irene Barroso y Mariano Asquerino en una escena del estreno de la obra de teatro La prima Fernanda, de Manuel y Antonio Machado (Photo credit: Wikipedia)

Español: Los actores Irene López Heredia, Irene Barroso y Mariano Asquerino en una escena del estreno de la obra de teatro La prima Fernanda, de Manuel y Antonio Machado (Photo credit: Wikipedia)

ADELFOS

Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron
-soy de la raza mora, vieja amiga del sol-,
que todo lo ganaron y todo lo perdieron.
Tengo el ama de nardo del árabe español.

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer…
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna…
De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer.

En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos…
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.

Besos, ¡pero no darlos! Gloria… ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga para mí!
Que las olas me traigan y las olas me lleven
y que jamás me obliguen el camino a elegir.

¡Ambición!, no la tengo. ¡Amor!, no lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve… Ya lo he perdido
Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.

De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.
No se ganan, se heredan elegancia y blasón…
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme
lo que hago por vosotros hacer podéis por mí…
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir!…

Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer…
De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.
¡El beso generoso que no he de devolver!

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VERANO

Frutales
cargados.
Dorados
trigales…

Cristales
ahumados.
Quemados
jarales…

Umbría
sequía,
solano…

Paleta
completa:
verano.

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OCASO

Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde… El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.

Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.

Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,

para mi amarga vida fatigada…
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar, y no pensar nada…!

Manuel
Manuel (Photo credit: nicoventurelli)

Manuel (Photo credit: nicoventurelli)

LA COPLA

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

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LAS MUJERES DE ROMERO DE TORRES

Rico pan de esta carne morena, moldeada
en un aire caricia de suspiro y aroma…
Sirena encantadora y amante fascinada,
los cuellos enarcados, de sierpe o de paloma…

Vuestros nombres, de menta y de ilusión sabemos:
Carmen, Lola, Rosario… Evocación del goce,
Adela… Las Mujeres que todos conocemos,
que todos conocemos ¡y nadie las conoce!

Naranjos, limoneros, jardines, olivares,
lujuria de la tierra, divina y sensüal,
que vigila la augusta presencia del ciprés.

En este fondo, esencia de flores y cantares,
os fijó para siempre el pincel inmortal
de nuestro inenarrable Leonardo cordobés.

Parque Nacional da Serra do ItajaíParque Nacional da Serra do Itajaí (Photo credit: Cristian Janke)

Crítica

Un mérito indiscutido de Manuel Machado es un labor como divulgador y renovador de los cantes flamencos, el «cante hondo». El conocimiento le venía de familia, pues su padre, Demófilo, había recopilado las letras anónimas de los cantes flamencos en su libro Cantes flamencos. Manuel Machado escribió poesías idóneas para el cante, utilizando coplasseguidillas, y soleares. Creó una nueva variante de soleá en la que el verso central tiene un número desproporcionado de sílabas (9, 10, 11, ó más sílabas), que bautizó como soleariyas. Cuando reproduce palabras típicas del dialecto andaluz, las marca utilizando la letra cursiva.

Fuente: http://es.wikipedia.org

También escribió romances octosílabos, cuartetos, serventesios y sonetos. Renovó estos últimos utilizando una variante que utiliza versos de arte menor (el sonetillo), generalmente octosílabos, pero en algún caso trisílabos (en el sonetillo titulado «Verano»).

El verso de Machado es ingenioso, ágil y expresivo, con huellas del parnasianismo y los poetas malditos franceses. Sus influencias más marcadas son Verlaine y Rubén Darío, que le distinguió con su amistad y aprecio.

English: Antonio Machado Avenue, Benalmádena.
English: Antonio Machado Avenue, Benalmádena. (Photo credit: Wikipedia)

English: Antonio Machado Avenue, Benalmádena. (Photo credit: Wikipedia)

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Español: Clase magistral de Paco Valladares en la Escuela de Teatro de los cursos de verano de la Universidad Internacional de Andalucía (sede Antonio Machado de Baeza). (Photo credit: Wikipedia)

VERSOS DE AMOR,DE WILLIAM SHAKESPEARE

English: William Shakespeare statue in Lincoln...
English: William Shakespeare statue in Lincoln Park, Chicago (Photo credit: Wikipedia)
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