VÍCTOR HUGO – ROMÁNTICO FRANCÉS

VICTOR HUGO

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Victor Hugo leyendo delante de una pared de piedra, por Auguste Vacquerie (1853?),Museo de Orsay, París.

Victor Hugo —inscripción completa en su acta de nacimiento: Victor, Marie Hugo—N 1(Besanzón26 de febrero de 1802 – París22 de mayo de 1885), fueun poeta,dramaturgo y escritor romántico francés, considerado como uno de los escritores más importantes en lengua francesa. También fue un político e intelectual comprometido e influyente en la historia de su país y de la literatura del siglo XIX.

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Ocupa un puesto notable en la historia de las letras francesas del siglo XIX en una gran variedad de géneros y ámbitos.1 2 Fue un poeta lírico, con obras como Odas y baladas(1826), Las hojas de otoño (1832) o Las contemplaciones (1856), poeta comprometidocontra Napoleón III en Los castigos (1853) y poeta épico en La leyenda de los siglos(1859 y 1877). Fue también un novelista popular y de gran éxito con obras comoNuestra Señora de París (1831) o Los miserables (1862). En teatro expuso su teoría deldrama romántico en la introducción de Cromwell (1827),3 y la ilustra principalmente conHernani (1830) y Ruy Blas (1838).

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FUENTE: http://es.wikipedia.org

Textos poemas: http://grandespoetasfamosos.blogspot.com.es

 

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A una mujer

      ¡Niña!, si yo fuera rey daría mi reino,
      Mi trono, mi cetro y mi pueblo arrodillado,
      Mi corona de oro, mis piscinas de pórfido,
      Y mis flotas, para las que no bastaría el mar,
      Por una mirada tuya.
      Si yo fuera Dios, la tierra y las olas,

Los ángeles

      , los demonios sujetos a mi ley.
      Y el profundo caos de profunda entraña,
      La eternidad, el espacio, los cielos, los mundos
      ¡Daría por un beso tuyo!

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Alborada

      Ya brilla la aurora fantástica, incierta,

Velada

      en su manto de rico tisú.
      ¿Por qué, niña hermosa, no se abre tu puerta?
      ¿Por qué cuando el alba las flores despierta
      Durmiendo estás tú?
      Llamando a tu puerta, diciendo está el día:
      “Yo soy la esperanza que ahuyenta el dolor”.
      El ave te dice: “Yo soy la armonía”.
      Y yo, suspirando, te digo: “Alma mía,
      Yo soy el amor”.

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Ayer al anochecer

      Las sombras descendían, los pájaros callaban,
      La luna desplegaba su nacarado holán.
      La noche era de oro, los astros nos miraban
      Y el viento nos traía la esencia del galán.
      El cielo azul tenía cambiantes de topacio,
      La tierra oscura cabello de bálsamo sutil;
      Tus ojos más destellos que todo aquel espacio,
      Tu juventud más ámbar que todo aquel abril.
      Aquella era la hora solemne en que me inspiro,
      En que del alma brota el cántico nupcial,
      El cántico inefable del beso y del suspiro,
      El cántico más dulce del idilio triunfal.
      De súbito atraído quizá por una estrella,
      Volviste al éter puro tu rostro soñador…
      Y dije a los luceros: “¡Verted el cielo en ella!”
      Y dije a tus pupilas: “¡Verted en mí el amor!”

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Booz dormido

      1
      Booz se había acostado, rendido de fatiga;
      Todo el día había trabajado sus tierras
      Y luego preparado su lecho en el lugar de siempre;
      Booz dormía junto a los celemines llenos de trigo.
      Ese anciano poseía campos de trigo y de cebada;
      Y, aunque rico, era justo;
      No había lodo en el agua de su molino;
      Ni infierno en el fuego de su fragua.
      Su barba era plateada como arroyo de abril.
      Su gavilla no era avara ni tenía odio;
      Cuando veía pasar alguna pobre espigadora:
      “Deja caer a propósito espigas” -decía.
      Caminaba puro ese hombre, lejos de los senderos desviados,
      Vestido de cándida probidad y lino blanco;
      Y, sus sacos de grano siempre, como fuentes públicas,
      Del lado de los pobres se derramaban.
      Booz era buen amo y fiel pariente;
      Aunque ahorrador, era generoso;
      Las mujeres le miraban más que a un joven,
      Pues el joven es hermoso, pero el anciano es grande.
      El anciano que vuelve hacia la fuente primera,
      Entra en los días eternos y sale de los días cambiantes;
      Se ve llama en los ojos de los jóvenes,
      Pero en el ojo del anciano se ve luz.
      2
      Así pues Booz en la noche, dormía entre los suyos.
      Cerca de las hacinas que se hubiesen tomado por ruinas,
      Los segadores acostados formaban grupos oscuros:
      Y esto ocurría en tiempos muy antiguos.
      Las tribus de Israel tenían por jefe un juez;
      La tierra donde el hombre erraba bajo la tienda, inquieto
      Por las huellas de los pies del gigante que veía,
      Estaba mojada aún y blanda del diluvio.
      3
      Así como dormía Jacob, como dormía Judith,
      Booz, con los ojos cerrados, yacía bajo la enramada;
      Entonces, habiéndose entreabierto la puerta del cielo
      Por encima de su cabeza, fue bajando un sueño.
      Y ese sueño era tal que Booz vio un roble
      Que, salido de su vientre, iba hasta el cielo azul;
      Una raza trepaba como una larga cadena;
      Un rey cantaba abajo, arriba moría un dios.
      Y Booz murmuraba con la voz del alma:
      “¿Cómo podría ser que eso viniese de mí?
      La cifra de mis años ha pasado los ochenta,
      Y no tengo hijos y ya no tengo mujer.
      Hace ya mucho que aquella con quien dormía,
      ¡Oh Señor! Dejó mi lecho por el vuestro;
      Y estamos todavía tan mezclados el uno al otro,
      Ella semi viva, semi muerto yo.
      Nacería de mí una raza, ¿cómo creerlo?
      ¿Cómo podría ser que tenga hijos?
      Cuando de joven se tienen mañanas triunfantes,
      El día sale de la noche como de una victoria;
      Pero de viejo, uno tiembla como el árbol en invierno;
      Viudo estoy, estoy solo, sobre mí cae la noche,
      E inclino, ¡oh Dios mío!, mi alma hacia la tumba,
      Como un buey sediento inclina su cabeza hacia el agua”.
      Así hablaba Booz en el sueño y el éxtasis,
      Volviendo hacia Dios sus ojos anegados por el sueño;
      El cedro no siente una rosa en su base,
      Y él no sentía una mujer a sus pies.
      4
      Mientras dormía, Ruth, una Moabita,
      Se había recostado a los pies de Booz, con el seno desnudo,
      Esperando no se sabe qué rayo desconocido
      Cuando viniera del despertar la súbita luz.
      Booz no sabía que una mujer estaba ahí,
      Y Ruth no sabía lo que Dios quería de ella.
      Un fresco perfume salía de los ramos de asfodelas;
      Los vientos de la noche flotaban sobre Galgalá.
      La sombra era nupcial, augusta y solemne;
      Allí, tal vez, oscuramente, los ángeles volaban,
      A veces, se veía pasar en la noche,
      Algo azul semejante a un ala.
      La respiración de Booz durmiendo
      Se mezclaba con el ruido sordo de los arroyos sobre el musgo.
      Era un mes en que la naturaleza es dulce,
      Y hay lirios en la cima de las colinas.
      Ruth soñaba y Booz dormía; la hierba era negra;
      Los cencerros del ganado palpitaban vagamente;
      Una inmensa bondad caía del firmamento;
      Era la hora tranquila en que los leones van a beber.
      Todo reposaba en Ur y en Jerimadet;
      Los astros esmaltaban el cielo profundo y sombrío;
      El cuarto creciente fino y claro entre esas flores de la sombra
      Brillaba en Occidente, y Ruth se preguntaba,
      Inmóvil, entreabriendo los ojos bajo sus velos,
      Qué dios, qué segador del eterno verano,
      Había dejado caer negligentemente al irse
      Esa hoz de oro en los campos de estrellas.

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Canción I

      Nace el alba y tu puerta está cerrada
      Hermosa mía, ¿a qué dormir?
      ¿Si se despierta la rosa,
      No vas a despertar tú?
      Mi lindo encanto
      Escucha ya,
      A tu amante que canta
      Y también llora.
      Todo llama a tu puerta bendita.
      Dice la aurora: “yo soy el día”.
      Dice el pájaro: “yo la armonía”.
      Y mi corazón: “yo el amor”.
      Mi lindo encanto
      Escucha ya,
      A tu amante que canta
      Y también llora.
      Te adoro, ángel, te amo mujer
      Dios que me completó contigo
      Creó mi amor para tu alma.
      Y mis ojos para tu belleza.

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Notre Dame IINotre Dame II (Photo credit: MrOmega)

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